Variaciones sobre el aborto

Por Florent Zemmouche

Artículo tomado de: https://www.laprensagrafica.com/

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Salvadoreño-francés estudiante de Ciencias de la Humanidad en FranciaFamosos periodistas franceses han publicado un reportaje sobre las mujeres encarceladas en San Salvador por ciertos casos de abortos naturales o voluntarios. Me han entonces preguntado cómo tal situación es posible, cómo el pueblo salvadoreño puede ser él mismo tan violento aquí contra sus mujeres.

Seguir el razonamiento que plantea una mirada extranjera como la francesa sería preguntar si un pueblo que sufre cada día una violencia extrema encarnada por ejemplo en las maras termina siendo al fin y al cabo él mismo violento. Es posible que sea cierto, e incluso muy probable. Pero no quiero desarrollar ahora este punto; lo que me interesa es que la interrogación es presentada como una paradoja mientras que en realidad no lo es o al menos no totalmente. Por ejemplo, podemos entender la opinión reinante sobre el aborto tomando en cuenta el contexto de violencia cotidiana. En efecto, en nuestra sociedad donde la muerte se encuentra a cada esquina sin esconderse esperando a cualquiera, donde la vida es quitada tan fácil y regularmente, se le otorga una importancia sagrada a las ocasiones que concentran vida y esperanza como el embarazo. La visión de la opinión publica salvadoreña es maniquea y por tanto simple: las malos roban la vida, los buenos la preservan. Dicho sea de paso, tal planteamiento descarta cualquier adhesión a la pena de muerte.

Sigamos entonces este maniqueísmo pero complicándolo ya que su simplicidad es perniciosa. ¿Qué pasa ahora cuando una mujer es violada por un hombre? El malo aquí por así decirlo es él, y no ella. Sin embargo, por un lado el hombre tiene al parecer el derecho de crear un feto producto de una violación puesto que la mujer no tiene derecho de abortar, es decir empezar a cicatrizar, apaciguar un acto violento. Por otro lado, es la mujer quien será con más certeza encarcelada por haber abortado; por querer cerrarle el paso a la maldad. Según la visión maniquea ya evocada, las prisiones las habitan los malos. ¿Qué mala acción ha hecho una víctima de violación aparte de sufrir el mal?

Asimismo, ¿qué hace una mujer que ha sufrido un aborto natural en una cárcel salvadoreña? No ha hecho nada malo y de hecho, por definición, nada del todo. Es otra institución estatal que debería ocuparse de ella, el hospital, no la policía, menos aún la prisión. Se trata antes que nada de protección del individuo, lo que es supuestamente uno de los objetivos principales del Estado. Otro e íntimamente vinculado al de protección es el de libertad del individuo. La mujer, como ser político, tiene el derecho, ella sola bajo la mirada benevolente de la estructura estatal, de tomar decisiones sobre su cuerpo. Cualquier ser político tiene un cuerpo que le pertenece y que debe proteger. Es la causa y la finalidad de la política. Por consiguiente, nuestro Estado tiene que legalizar el derecho al aborto en caso de violación, malformación grave del feto y/o peligro para la madre, lo que desacredita los insensatos que creen que así todas las mujeres van a abortar. No se trata de estar a favor del aborto; se trata de estar a favor del derecho al aborto, como posibilidad legítima y legal.

Además, le conviene al Estado legislar un fenómeno que ya existe. Como lo muestra un trabajo de investigación publicado recientemente, las mujeres abortan en El Salvador. Por supuesto, mujeres que tienen el poder económico suficiente. Entonces, por motivo ahora de igualdad, el gobierno debe intervenir contra viento y marea según una racionalidad digna de un Estado de derecho, sin ningún fanatismo.

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