De niña a madre antes de tiempo

En Guatemala, uno de cada cinco recién nacidos son hijos de una madre adolescente, y muchas veces producto de violencia sexual

 

Ya sea por falta de información en la educación sexual o producto de una violación, el número de niñas embarazadas es elevado en Guatemala. Mirna Montenegro, directora del Observatorio de Salud Reproductiva, indica que uno de cada cinco niños que nacen en el país son hijos de una madre adolescente, y muchas veces producto de violencia sexual.
En la provincia de Sololá, una organización llamada Ademkan está llevando a cabo un proyecto para prevenir el embarazo precoz entre las comunidades indígenas con 12 chicas adolescentes. Ellas son las que aparecen en este reportaje, aunque sus nombres han sido cambiados para proteger su identidad.

En la imagen, Carmen posa para un retrato. Tiene 12 años y está embarazada de nueve meses. Cursa tercero de primaria y, después de nacer el bebé, se irá a vivir con el padre de su hijo y continuará estudiando. La madre de Carmen no muestra preocupación sobre el embarazo de su hija y lo ve como algo bastante normal y tradicional que se da en su comunidad.

Las niñas menores de 15 años tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el embarazo que las mujeres mayores de 20 años. Si una madre tiene menos de 18, la probabilidad de que su bebé muera durante el primer año de vida es un 60%; incluso en caso de que sobreviva, existe una mayor probabilidad de que sufra de bajo peso al nacer, de desnutrición o de retraso en el desarrollo físico y cognitivo. Charla organizada por Ademkan sobre orientación sexual. Con ellas sensibilizan sobre los problemas que conllevan los embarazos prematuros.

Verónica, de 17 años y con una hija de tresmeses, se encarga del cuidado de su hija, de sus hermanos y de las labores de la casa. Al morir su madre y siendo la mayor de seis, entró en una profunda desesperación. Con 16 años fue atacada por varios hombres y se quedó embarazada. Cuando su padre se enteró, la echó de casa, y ella cogió a su hermano menor y se fue a vivir a una casa de acogida con él. Después de dar a luz, Verónica regresó al hogar familia, y ahora se hace cargo de toda su familia. En la foto, ella cocina mientras uno de sus hermanos carga a su pequeña hija.

La maternidad en la adolescencia es un problema, ya que los cuerpos de estas jóvenes no son aún aptos para concebir, por lo que un embarazo conlleva futuros problemas de salud a sus hijos y a ellas mismas.
Luz tiene 13 años de edad y está embarazada de ocho meses. Vive con sus padres y su pareja. Ella afirma que fue forzada a tener relaciones sexuales y, después de quedar embarazada, la obligaron a unirse al futuro padre de su hijo, que tiene 20 años. En la imagen, una trabajadora de Ademkan la está asesorando para que dé a luz en un hospital para evitar riesgos.

Una muñeca en la casa de Hortensia, que se quedó embarazada a los 15 años. Hortensia siempre vivió en un ambiente de violencia intrafamiliar por lo cual ella y sus hermanos abandonaron su hogar a la primera oportunidad. Ella encontró la forma de liberarse de su familia cuando, a sus 15 años, conoció a su esposo de 23.Con él vio la posibilidad de formar su propia familia y vivir lejos de sus padres.

Las jóvenes madres son sometidas al maltrato psicológico y discriminación de género en muchos casos. Otras consecuencias de un embarazo prematuro es el abandono escolar. Se ven obligadas a dejar sus estudios ya que, en muchos casos, los maestros les prohíben ir a la escuela por considerarlas una mala influencia para el resto de niñas.

Dina coge la mano de su hijo. Se quedó encinta a los 16 y hoy es madre de una pareja de gemelos de tres años. Ella es madre soltera y considera que, a pesar de querer a sus hijos, los tuvo demasiado pronto. Dina vive con el apoyo de su familia en el municipio de Santa Catarina Palopó.

Roxana y sus dos hijos, en la habitación de su casa. Ella se quedó embarazada por primera vez a los 14 años y acaba de tener a su segundo vástago, que tiene dos meses. Con la ayuda de su suegra, se dedica al cuidado de sus hijos y a realizar las labores domesticas.

Sulma se quedó embarazada por primera vez a los 15 años de su pareja de 23. A los nueve meses de dar a luz el bebé murió debido a que tenía un exceso de líquido en su cuerpo y no llegaron a tiempo al hospital. Tras su pérdida Sula quedó encinta de nuevo. Afirma que para ella los métodos anticonceptivos son algo nuevo y que es su comunidad no hay forma de adquirirlos.

El hijo de Mercedes observa la calle desde en la entrada de su vivienda. Mercedes vive con este niño, con su madre y sus hermanos en el municipio de San Lucas de Tolimán. Ella se quedó embarazada por primera vez a los 16 años de su novio, de 19. Después volvió a quedarse embarazada pero abortó de manera involuntaria al segundo mes. Ella quiere abandonar a su esposo porque dice que la maltrata, irse con su hijo y buscar trabajo fuera de la comunidad.

Margarita da de mamar a su bebé. Ella se casó y lo tuvo a los 14 años y se mudó con la familia de su pareja. Desde cuando supo que se encontraba en estado, decidió no salir de casa para no darle explicaciones a nadie, ni a sus amigas de las escuela ni a sus maestros. Pensó que la mejor solución era casarse, para que no pensaran en su comunidad que era una mala mujer. Para Margarita los cambios han sido drásticos, ahora se dedica a realizar tareas domésticas y su suegra la ayuda con el cuidado del niño y le aconseja que considere algún método anticonceptivo para prevenir futuros embarazos.

Dalila prepara a su hija para salir. Es una joven de 18 años casada con Oscar, de 23, y tienen una niña de año y medio. Viven con su cuñada, pero están buscando un espacio para independizarse. Ella se quedó embarazada cuando tenía 16 años y ahora se dedica a los oficios domésticos. Sus padres no la incentivaron a seguir estudiando, por lo que únicamente terminó la educación primaria.

La segunda hija de Roxana duerme en una hamaca. Ella se quedó embarazada por primera vez a los 14 años de edad.

Imagen de la primera hija de Sulma y un pequeño altar religioso sobre una mesa en la esquina de la habitación de su casa. Esta niña falleció a los pocos meses.

Mirna, de 17 años, fue violada por un conductor de moto-taxi en las calles de su comunidad. Inmediatamente sus familiares lo denunciaron a las autoridades y pudieron detenerlo y llevarlo a juicio. Fue condenado a ocho años de prisión. Ademkan fue avisada después de la violación y pudo proporcionarle a la adolescente la pastilla de emergencia para evitar su embarazo. Hoy en día se ha recuperado aún psicológicamente.

 

Fuente: elpais.com

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